Ankor Inclan
Los vendedores ambulantes de comida del Nueva York de finales del siglo XIX eran en su mayoría inmigrantes recién llegados que habían encontrado en el carrito callejero la única economía accesible sin capital inicial, sin inglés, sin referencias y sin conexiones. Las patatas asadas, los bretzel, los cacahuetes tostados, las castañas en invierno y el maíz en verano eran alimentos que llegaban a las clases trabajadoras que no podían permitirse ni el tiempo ni el dinero de un restaurante. Los vendedores se concentraban en el Lower East Side, el barrio italiano de Mulberry Street, los mercados del East River y los cruces de las líneas de tranvía, donde el tráfico de trabajadores era más denso a las horas de cambio de turno.
La ciudad llevaba décadas intentando controlar, regular y eliminar el comercio ambulante. En 1895, el comisario de sanidad Charles Wilson publicó un informe donde calificaba los carritos como "focos de enfermedad y desorden público". Las ordenanzas municipales se multiplicaron. La policía multaba con regularidad. Y los vendedores volvían al día siguiente porque no tenían otra opción.
Lo que hace especialmente valiosas las fotografías de esta época es que muchas pertenecen al archivo de Jacob Riis, el fotógrafo y periodista danés que entre 1888 y 1898 documentó la vida de los barrios pobres de Manhattan con un sistema de flash de magnesio que le permitía fotografiar interiores oscuros y noches de calle. Su libro "Cómo vive la otra mitad" (1890) fue el primer gran reportaje fotográfico de pobreza urbana en Estados Unidos y cambió directamente la política de vivienda de la ciudad.
El vendedor de patatas de 1892 no sabía que estaba siendo fotografiado para la historia. Solo sabía que si vendía suficientes patatas ese día, podría pagar el alquiler de la semana.
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