Los partidos políticos y yo.
Estaba
en cuarto grado de mi carrera profesional de la licenciatura en Ciencias
Políticas, ciclo escolar 1985-1986. Una de las asignaturas que nos asignaron
fue: “Partidos Políticos”. En lo inmediato nos pidieron comprar el libro “Los
partidos políticos” del politólogo francés, Maurice Duverger, Tengo en mis
manos, en este momento, ese ejemplar que es todo un clásico.
Voy
a ser breve en este comentario. El contenido del libro en mención abre con una
“ADVERTENCIA” y señala que la obra literaria “…descansa en una contradicción
fundamental: es imposible…describir seriamente los mecanismos comparados de los
partidos políticos y no obstante es indispensable hacerlo.”
Asumiendo
que el doctor, Duverger, orienta su necesidad de explicar el vacío que hay en
estudios científicos del método comparativo, debo decirles que es obligado, no
podemos resistir a esta primer paso, comparar un partido con otro. No debe
sorprendernos tal ejercicio especulativo. Luego entonces, el primer momento al
elegir inscribirte en las filas de un partido, lo haces convencido de valorar
al partido político de tu preferencia como una mejor opción y es natural que
mires en los otros partidos, los compares, como opciones políticas no
satisfactorias para tus gustos.
Esto
es un asunto de preferencias. La polémica que se genera en torno a este tema de
preferencia personal es que entramos al terreno más pantanoso donde sobreviven los
hijos de Guillermo Tell. Explico, es necesario que cuando apunten ustedes a la
manzana que esta en la o las cabezas a las cuales van a lazar sus flechas, no
siempre serán certeras.
El
caldo de cultivo donde fermenta este intercambio de preferencias, de gustos y
disgustos, es el terreno oscuro de la INDEFINICIÓN. Todos los que estamos fuera
o dentro de los partidos, pasamos, necesariamente, por este tamiz y no es raro
o extraño que prevalezca la duda o la certeza de uno y otro lado.
Cierro
mi comentario. Si usted quiere salvar su alma, le aconsejo que mejor se
encomiende a Dios, en la religión de su preferencia. No busques tú estado de
purificación en los partidos políticos. No es tampoco, un asunto que deba
mortificarte dentro. En los partidos políticos reina la pasión, pero también la
mala fe. Lo inevitable es que si queremos ser parte de la construcción democrática
y con ello a estar en el poder publico y desde ahí, hacer lo que el principio
de honestidad mande, es importante que lo hagamos desde ese terreno de la buena
acción humana pero también pintar raya al vituperio. Seguiremos platicando…#La300
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